martes 14 de julio de 2009
Fin de sexenio
El único cambio real que parece haber traído la llegada del PAN a la mencionada casa de las coníferas (además de la nostalgia criolla que pretende imponer al país un viaje de 200 años hacia el pasado) ha sido el acortar los sexenios. Después de tres años de (¿llamarémosle?, ¿eufemísticamente?, ¿cínicamente?, ¿nomás por ganas de joder?) gobierno, el mandato de Felipe Calderón llegó a su fin (si es que alguna vez había llegado a su comienzo). Que si por ilegítimo, que si por pelele, que si por pendejo (ojo: no es lo mismo que pelele), que si por delirante, que si por los pactos políticos, que si por inepto (ojo: no es lo mismo que pendejo), que si por las arañas, Calderón nunca fue capaz de verse y dejarse ver como el preciso. Jamás logró ser la gran figura de autoridad que un sistema como el nuestro requiere (queramos o no) y ahora enfrente se le pone la (¿llamarémosle?, ¿eufemísticamente?, ¿cínicamente?, ¿nomás por ganas de joder?) autóctona y voluminosa Beatriz Paredez, que ya se ve muy parlamentaria y jefa de gabinete al recordarle (y recordarnos) que nada pasará de la antesala legislativa si no le conviene a ella, al precandidato Playmobil, a Manlio Fabio o a los amos de cualquiera de ellos (principalmente; hay jerarquías). Otros tres años, pues, nos esperan sin gobierno, sin congreso, sin política, pero sí con todo lo malo que ellos siempre han acarreado consigo: corrupción, robo en despoblado, tráfico de influencias y otras tantas bonitas tradiciones mexicanas.
Tres años de inopia. Es decir: tres años igualitos a los primeros del sexenio, pero con más comerciales sobre los logros del gobierno federal, porque para algo le puso González Camarena colores a la pantalla: pa apendejar más al (¿llamarémosle?, ¿eufemísticamente?, ¿cínicamente?, ¿nomás por ganas de joder?) respetable, que nomás ve lucecitas y ni pestañea, se queda como venado frente a camioneta, incapaz de moverse, no vaya a ser que se pierda el momento crucial de la telenovela.
Claro que podría ser peor, tal como les pasará a algunos de mis amigos habitantes del País de la Fantasía, a quienes todavía les quedan al menos nueve años del (¿llamarémosle?, ¿eufemísticamente?, ¿cínicamente?, ¿nomás por ganas de joder?) gobierno legítimo del Peje.
miércoles 1 de julio de 2009
A veces haría falta
Estoy convencido de que Dios no existe, pero debería haber uno, aunque sea chiquitito, para castigar a los imbéciles que hablan en su nombre.
jueves 11 de junio de 2009
Coherencia
lunes 18 de mayo de 2009
Chau número tres
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
Mario Benedetti (1920-2009)
lunes 11 de mayo de 2009
Mal ejemplo
Mi espíritu contreras, sin embargo, tras recibir el susodicho e-mail, me ha dado unas ganas locas de bife y churrasco.
Independientemente de la exageración e ignorancia con que algunos gobiernos han tomado la decisión de suspender los vuelos entre sus naciones y la nuestra o (en el caso de China) aislar a los visitantes que reciben de nuestro país, debemos decir que, para empezar, están en su legítimo derecho y, para seguir, no fueron decisiones tomadas nomás por una graciosa ocurrencia de sus cancillerías o de sus ministerios de salud, sino basadas en los datos que a tontas y a locas daba a conocer el gobierno mexicano sobre los alcances de la epidemia. Aunque ahora se habla de menos de cincuenta muertos y de dos mil infectados, en un principio se llegó a mencionar que había cientos de los primeros y miles de los segundos, además de que se cubrieron todas las caras de la capital con cubrebocas. ¿De qué otra manera se esperaba que actuara el gobierno chino, que ya había tenido su propia alerta debida al SARS (de la cual, por cierto, en su momento ocultaron información, pinches amarillos tan discretitos)? ¿O el argentino, que, con la epidemia de dengue que sacude su territorio en estos momentos y con la cercanía del invierno, no está para sustos extra? ¿O el cubano, que, gracias al embargo de que es objeto, probablemente ni siquiera cuenta con los antivirales que son producidos por laboratorios con importantes intereses estadunidenses?
La actuación de los mencionados gobiernos, por exagerada que pueda parecer, sólo siguió una directiva común: proteger los intereses de su población. Y tal vez sea eso lo que más molesta al enano delirante y sus voceros (entiéndase Joaquín López Dóriga, Javier Alatorre, similares y conexos): el mal ejemplo que dichos Estados ponen, la defensa de sus ciudadanos frente a otros intereses. No vaya a ser que los mexicanos lo tomemos y empecemos a exigir a nuestros persignados gobernantes que empiecen a preocuparse menos por los intereses de los banqueros ratas, de la cúpula empresarial, de los gringos, de sus amos narcos, etc., y se dediquen a defender los de los jodidos ciudadanos mexicanos. Habráse visto tanta y tan tamaña sinrazón.
Que venga ese bife.
viernes 8 de mayo de 2009
Peste
Una ridiculez tras otra invaden la pantalla de televisión (y no, por extraño que parezca no me refiero a los realitichous nacionales) sin piedad para el ya de por sí sufrido televidente: desde las machincuepas infantiles del Místico (supongo que Calderón quería ser promovido por alguien que estuviera a su altura... es decir, otro enano delirante) hasta los baños de pureza que se dan los candidatos del PRI al Congreso, tan propositivos todos ellos, incapaces por más que se esfuercen de ocultar el letrero de RATA que brilla sobre sus frentes como si estuviera iluminado con luces de neón, pasando por la irrupción de Chucho Ortega en los hogares de los trabajadores mexicanos (cruz, cruz, que venga el Diablo y se vaya Jesús) como mal agüero que trae más desdichas a quien atisba su vuelo (hay aves que cruzan el pantano y lo manchan).
Y hay, además, otros partidos, tengo entendido, pero quién los toma en serio... ¿Qué hay que tener en la cabeza, por ejemplo, para votar por el Partido Verde y su demagogia reaccionaria? Mierda, es obvia la respuesta, pero ¿qué tan asquerosa?
Ante semejante panorama (¿triste, patético, ridículo? ¿Por qué el diccionario no incluye palabras más adecuadas a la realidad?), no le queda a uno más que preguntarse si valdrá la pena siquiera acudir a la urna para anular nuestro voto o de plano no tomarse ni la molestia de participar en tan vergonzoso proceso. No se nos vaya a pegar algún virus de toda esa bola de cerdos.
sábado 25 de abril de 2009
Tráfico de influenzas
Quién iba a decir que el catarrito que nos pronosticó el voluminoso (nótese qué eufemístico amanecí hoy) Carstens Carstens se nos iba a convertir en un gripón. Porcino (curiosamente).
Y ahora no se puede caminar por ningún lado de la ciudad sin toparse con decenas, cientos (¿exageraré mucho si digo miles?) de personas con la cara medio oculta bajo el azul de un tapabocas. Como en una de esas películas en las que la gente se convierte en zombi luego de entrar en contacto con un terrible virus inventado por científicos locos y primermundistas. Y no falta el chistoso que les pregunta a quién van a operar. O la chistosa que les dice "doctor, que se nos muere el paciente". Nunca falta un chistoso.
En el metro sigue habiendo aglomeraciones (nomás faltaba) pero es fácil ganar un poco de espacio si se finge un estornudo o un ataque de tos: discretamente (tan sensibles ellos) la gente se aleja un poco y te permiten estar un poco más a tus anchas de lo habitual en el tren Achú.
Se escuchan las teorías conspiratorias. Que si los muertos son más de los que se reconoce. Que si no ha habido ningún caso comprobado. Que si el enano delirante (no necesito preguntar quién es) soltó el virus en el Valle de México para arrasar con priístas y perredistas.
Pero es un sábado aburrido, sin nada que hacer. Se suspenden espectáculos, deportes... Así hasta la escuela extraña uno.
Ya estoy viendo que la próxima semana se suspenderán los juegos de beisbol en el Foro Sol o se jugarán a puerta cerrada, echándome a perder mis planes... Como si de veras el beisbol causara tumultos en México.
Me lleva. No dejan nada bueno las malas influenzas.








